Viaje a Barcelona (y IV)

Una vez terminadas (casi) las labores que nos hicieron ir a Barcelona, tocó la vuelta.

En el hotel, pese a hacer el check-out, nos guardaron las maletas, para no estar todo el rato pendientes de ellas. Las recogimos y pillamos un taxi de esos que esperan en la puerta.

El taxista es de esos de película, de los que hablan de todo. Había estado en Túnez y se había subido a un “parachute” (en sus propias palabras) playero de los que estiran con una lancha. También había estado en Santo Domingo, en unas grutas con el agua al cuello y a punto de un ataque de claustrofobia. Va a ser verdad eso de que los catalanes viajan bastante.

Al llegar al aeropuerto, otra vez el humillante control se “seguridad” y de vuelta a Madrid.

Esta vez me tocó a mi de ventanilla…

Alberto en la ventanilla

Quizás antes me habría impresionado, pero ahora, con Google Maps y Earth, ya sabía qué iba a ver. Pasamos por encima de la central nuclear de Zorita, que está más cerca de Madrid de lo que pensaba.

Al pasar las azafatas, me dije que tenía que hacer una gracia… al llegar a nuestro lado, le dije que era mi primer vuelo, que si había algún tipo de bautizo aéreo por ello. Ella no lo creía. En realidad era mi 4 vuelo (ida y vuelta a Mallorca con 12 años y el de ida a Barcelona el día anterior). Tras afirmar que era absolutamente cierto (bueno, casi), me dio un bombón y una servilleta.

Bombón

De recuerdo, me llevé la bolsa de los vómitos, sin usar, eso sí. En el coche siempre puede venir bien.

Una vez en la T4, ¡qué odisea para salir!. Sólo veíamos indicaciones de salida de emergencia, pero nada de salida “normal”. Preguntando en los puntos de información, que no hacían más que llevarnos de una punta a otra… Tardamos cerca de 40 minutos hasta descubrir la única salida: dos míseras puertas dobles, de tal modo que una se abre cuando la otra se cierra, para asegurar el sentido.

Finalmente, el taxi hasta casa, casi a la hora de merendar, pero ya en casa.

Viaje a Barcelona (III)

Al despertar, sólo de penar en el Buffet Libre incluido en la habitación, ya tenías ganas de bajar, pero no sin antes darse una ducha de las que no te puedes dar en casa.

Habitación

El piso de la bañera, estaba algo más de un palmo subido que el suelo del baño, por lo que al salir, mojado, sin alfombrilla de goma en la ducha, se convertía en una operación arriesgada. Debido al altura del sanitario, el soporte de ducha no era suficientemente alto, quedándome el teléfono a la altura de la frente en su posición más elevada, lo que hacía incómodo ducharse.

El teléfono de la ducha, no era muy distinto al que podemos tener en casa (dos tipos de chorros), con la salvedad que el “auricular” era como un plato de postre de grande, haciéndolo similar al Enterprise.

Baño

El buffet fue la caña: agua (incluso con gas), zumos, magdalenas, tartas, bizcochos, croissants, donetes, brownie, napolitanas, tostadas, yogures… aunque lo mejor, sin duda, los huevos fritos, el bacon y, como no, chistorra. ¿Habéis mojado pan en la yema de un huevo con su sal para desayunar?, yo sí.

Viaje a Barcelona (II)

Antes de ir a nuestro “destino” (el motivo del viaje), pasamos por el hotel, para dejar los bártulos.

Era un Novotel, de 4 estrellas, con la recepción y comedor muy elegante, pero la habitación… he estado en menos estrellas que me han gustado más. La gracia de todo es que el sitio al que fuimos estaba enfrente al hotel, en un polígono industrial en mitad de la nada… ¡a ver si te vas a divertir!. El ascensor era de traca, sólo funcionó el primer día y las luces, debieron sustituir los halógenos por leds, dando un aspecto gótico fantasmagórico al susodicho.

ascensor raro

Como comprenderéis, no puedo contar lo que hicimos en el “destino”, por lo que pensad en uno de esos fundidos a negro de las pelis. Sólo comentaré que para la comida, nos acogieron entre ellos, llevándonos a “El Galliner”, un restaurante donde se comía muy bien. Había tostadas de pan y tomates, que podías restregar para hacerte un genuino pantomaca. El cachondeo estuvo servido con los ataques a un chaval que había ido a veranear a Mykonos, donde parecen abundar las fiestas gays.

Finalizada la jornada laboral de ese día, sobre las 21:00, debido a la gran constelación del hotel, el menú era algo caro y como nunca habíamos estado en BCN, era de rigor dar un rulete por La Rambla, El Rabal, visitar el Bagdad… lo típico.

En el ferrocata (así llaman a los cercanías), nos dejaban en la estación de Plaza de Cataluña, justo en el comienzo de La Rambla. En esta avenida, se ve de todo, desde los más sorprendentes mimos, gente mutilada pidiendo, trileros, carteristas (íbamos con las manos en los bolsillos)… pero no vi a ningún cebolleta, que tan de moda están.

La Rambla

Para ser un jueves a las 22:00 estaba hasta arriba. Llegamos hasta la plaza donde está Cristóbal Colón, no sin antes pasar por la Plaza Real ni por callejuelas que, de ir solo, preferiría evitar.

Plaza Real

Para la cena, paramos en el Travel Bar. Todo lleno de guiris, hasta la camarera (guiri por cierto), se dirigía a nosotros en inglés. Estábamos en la terraza y otro guiri (este francés) con pintas de “perro-flauta” se ponía a jugar con unas pelotas ardiendo. Luego trató de pasar la gorra, pero al llegar a nosotros, nos dijo que cómo sólo llevábamos 10 minutos, no hacía falta. Al rato, sale la camarera afirmando que tiene que cerrar la terraza y no nos puede atender… ¿Acaso era por ser españoles y no guiris?.

Travel Bar

Acabamos cenando en una especie de kebab, un pita-inn. Menudo sitio… había una pareja yonki que daba mala cosa verlos, pero no eran peligrosos (salvo que te disparen sangre). Era una especie de auto-servicio. El ¿pakistaní? te servía la carne un pan de pita, pero la ensalada y las salsas te la servías tú. La salsa blanca típica de kebab (que por algún extraño motivo no cogí, limitándome a la de “tomate”) sabía a rallos… el caso es que no me dio diarrea, lo cual es de agradecer, sobre todo no estando en casa para poder hacer de vientre de forma tranquila.

Pita inn

Finalmente, como a las 0:00 terminan los ferrocatas, tuvimos que partir de vuelta al hotel, sin que la fiesta terminase.

ferrocatas

Una vez llegado al hotel, en el pasillo había una bandeja de comida de otra habitación. Imagino se podrá llamar a recepción para pedir comida. Por cierto, la bandeja permanecería hasta el día siguiente… a las 9:00 todavía no la habían retirado.

Bandeja de comida

La cama era grande, pero sin almohadas, sólo cojines. Lo mejor era la TV, pues al encenderla, había un menú para elegir Internet (por el módico precio de 9€/h), Películas de Estreno (por sólo 16 €), Cine X y, como no, la TV normal.

Viaje a Barcelona (I)

Tal y como comenté, aquí sigue el resumen del viaje a Barcelona.

La idea era estar en el “sitio” a las 10:30, por lo que entre pitos y flautas, debíamos coger el avión de las 8:15, lo que implica estar en la T4 una hora antes.

Al bajar de casa, el taxi ya está en la puerta (como de costumbre con estos del radio taxi de Tres Cantos. Da igual lo pronto que bajes, ellos ya estarán ahí tirando de taxímetro).

Una vez en la dichosa terminal, compruebo con estupor que en las máquinas de auto facturación no aparece mi código de reserva… Afortunadamente, no eran esas máquinas las que había que consultar, y siguiendo una especie de anagrama de tres líneas curvas, llegas a la parte del puente aéreo.

Debido a las absurdas normas de seguridad, casi es necesario desnudarse para pasar el control. Creo que en breve, tendremos que meternos de cuerpo entero en el scanner. El portátil, hay que sacarlo de la funda, y mi pregunta es, si el scanner ve la bolsa como transparente, ¿para qué?. También hay que quitarse la chaqueta (sí o sí, da igual si pita), el cinturón, reloj… menos mal que no los anillos (imagina que no salen, ¿te cortan el dedo?). Aquello parecía aquella peli llamada “Fortaleza Infernal“, sólo que si te sales de la línea amarilla no te da calambre (creo que es la siguiente medida, no sin antes pasar por la privación sensorial hasta llegar al destino).

Una vez pasados los abusivos y humillantes controles, llegas al aparato, donde la tripulación te saluda (sólo faltaba que dieran un par de besos). Supongo que por eso de justificar la sablada. Guardas todo en la cajonera de arriba, hasta la chaqueta (que llegará hecha un burruño), no sea que haga peligrar la vida por tenerla bien puesta en el regazo y… ¡a volar!.

Resulta lamentable ver los gestos de las azafatas con la explicación de los chalecos… si fuese lenguaje de signos lo entendería, pero los gestos que hacen deben resultarles humillantes. A mi me daba vergüenza ajena. Luego, por megafonía salduban a los pasajeros de Iberia Plus… al resto que nos den.

Una vez en la pista, ¡el subidón!. El piloto aprieta el acelerador a fondo, lo que me recuerda a “El Coche Fantástico” cuando Michael Knight activaba el Turbo Boost, le salían alerones al carro y se quedaba pegado al asiento.

Viaje de ida

El vuelo son menos de 40 minutos, en los que puedes estar menos de 30 sin cinturón, momento que aprovechan para tratar de colarte algún supuesto manjar de “Fast Good” por precios desorbitados. También tienen tienda, para comprar un bolso o unos pendientes de “Folli Follie” (realmente gracioso el nombre).

Finalizando el vuelo, llegamos a la TC, la terminal del puente aéreo en Barcelona, de la que no tardamos ni 5 minutos en salir, pues es más de andar por casa que Barajas.

Hacia Barcelona

Mañana, o mejor dicho, en un rato, tengo que ir a Barcelona.

Todo es fruto de un buen marrón, de los divertidos, de esos que tocan varios palos a la vez, pero como digo yo “… esto es como las pelis, donde siempre ganan los buenos, y esos somos nosotros …” (incorporar sonrisa y guiño al final).

Iré en avión, en el puente aéreo. A primera vista parece un cachondeo, pues los boletos no tiene hora de salida ni día, son como los de metro o cercanías, según vas llegando te montas. Sale un aparato cada cuarto de hora en hora punta (¡casi con más frecuencia que de Colmenar/Tres Cantos a Madrid!).

Con el rollo de no poder llevar dentífrico, desodorante, agua… he tenido que comprar un bolsito de aseo, transparente y con tubitos chiquitos, en Mercadona, especial para vuelos.

Finalmente, espero que no me digan nada con el portátil, pues ese no lo suelto ni loco. Supongo que me harán encenderlo y si soy afortunado, lo comprueban con calma, para ver que no es lo que no debe ser.

En próximos posts, documentos gráficos (espero) y más detalles de la aventura por las lejanas tierras.

De paseo por Madrid

Hoy ha tocado ir a Madrid, a comprar unas cosillas por la Plaza de Pontejos.

Luego, aprovechando la ocasión, la Plaza Mayor al lado, como nunca había estado, pues había que darse una vueltecilla, estilo guiri.

Como era de rigor, un buen bocata de calamares y a seguir caminando bajo el solecito.

Aquí estoy enfrente al Palacio Real, que tampoco había visto:

Palacio Real

Y como no, en la Plaza de España, frente al edificio de Telefónica:

Edificio Telefónica

Finalmente, una vez en casa, ¿qué mejor para reposar de tan ajetreado día que actualizando la versión de WordPress?

La calcomanía

La chorrada de hoy, ponerme una calcomanía en el brazo.
Ésta venía de regalo en un paquete de Cheetos. Evidentemente, no lo comí yo, pero sí me quedé con el “tatoo”.
Como todas estas cosas, comienzan con un “… no te atreves…” y terminan con unas buenas risas.
Ahí os dejo la intantánea de la chorrada:

Día de la calcomanía