Por fin vacaciones (VII)

Hoy hemos dicho adiós a Casa Gloria, en Vilanova de Lourenzá, y nos hemos dirigido a Logroño.

Como les hemos prometido a los dueños de la casa, Gloria e Isidro, vamos a recomendar el sitio en todas partes, pues de verdad nos han tratado muy bien, está en una zona “céntrica” en cuanto a lo que queríamos ver y, la relación calidad precio es inmejorable.

Como el viaje hasta Briones, en Logroño, es largo, paramos a comer en Santander, que como siempre, es muy bonito, con uno de los mejores paseos marítimos que conozco. La idea era comer en algún sitio típico, pero al final acabamos en un chino… para variar.

Pasamos por Bibao, aunque por los alrededores, para coger la AP-1 e ir hacia Logroño. Lo raro de todo, es que durante todo el viaje, el GPS ha ido loco completamente, ¿es posible que hayan subido el error?. Hubo un momento en que casi lo tiro por la ventanilla… Lo peor fue al llegar a Briones. Aunque el pueblo no es grande, sin ABSOLUTAMENTE ninguna referencia, empezamos a callejear a ciegas, por callejuelas estrechas, pero finalmente llegamos a Los Calaos de Briones, un restaurante con alojamiento rural. Por cierto, un “calao” es una especie de bodega en las casas.

En el hotel rural, nos han dado la habitación que sale en la web, con unas vistas a todos los pueblos de la zona y a las bodegas Dinastía Vivanco, y menos mal, pues el pueblo está de fiesta por lo que la otra cara de la casa que da hacia la plaza del pueblo tiene que ser un poco ruidosa, pues  están montando una jarana de la buena… Yo ahora estoy en la cama, con la cabeza como un bombo, así que poca fiesta voy a tener hoy.

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Por fin vacaciones (VI)

Hoy hemos ido a Cariño, para comer en un restaurante que Alicia conocía, pero nos remitireon a otro igual o mejor, el Barómetro. Tras la comida, surgió un pequeño marrón del curro, pero que a través del móvil se solucionó sin problemas.

Tras recabar información en la oficina de turismo situada en el mismo puerto, salimos hacia el cabo Ortegal. Desde allí, se veía mucho mejor el mar y, por desgracia, permitía apreciar mejor una especie de espuma amarillenta que no creo sea nada saludable. Al salir de allí, fuimos a la “Garita de Herveira”, donde está el acantilado más alto de Europa, de sólo 613 metros.

Aprovechando que es un sitio muy alto, es carne de aerogeneradores, por lo que está todo plagado. No pude resistirme a acercarme y que las aspas me pasen a unos “pocos” metros, oyendo el ruido que hacen al cortar el aire.

El camino continuó hacia San Andrés de Teixido, donde quien no va de vivo, va de muerto. Ya es la segunda vez que voy, así que imagino que no me tendré que reencarnar en un bicho e ir hacia allí como dice la leyenda. También dice que hay que beber de una fuente de tres caños, pero, no me fío de beber agua sin tratar, sobre todo teniendo en cuenta que me esperan bastantes kilómetros conduciendo.

Ya a la vuelta, dimos una vuelta por Espasante, donde tienen un cerdo de bronce en una plaza. La cosa no sería más graciosa si no fuese porque en realidad, también tienen uno de verdad, suelto por el pueblo y la gente le da de comer, para luego sortearlo entre todos los vecinos.

Saliendo de allí, Alicia me quiso llevar a O Picón, que se supone tiene una playa muy chula y un acantilado, pero cuando el camino dejó de ser asfaltado preferí no seguir por ahí, quedándonos sin verlo.

Finalmente, fuimos a Foz, para hacer una compra y tener provisiones para mañana, pues nos espera un viaje largo hacia Logroño. Por cierto, de los 20 (o menos) grados de temperatura, he visto que en Logroño hace algunos más… sólo de pensarlo nos da perece y todo.

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Por fin vacaciones (V)

Hoy ha tocado Ribadeo, donde hemos tratado de hacer la ruta de los miradores, llegando hasta un faro, pasando por una antigua fortaleza (que está al borde de un acantilado y encima tiene foso alrededor) totalmente inexpugnable.

A lo largo del día, estuvo lloviendo y las temperaturas bajaron, llegando a ver hasta 12 grados en el termómetro del coche.

Tras la fortaleza, hemos ido a Avilés, donde dimos una vuelta por el centro y de allí, como estábamos al lado de Gijón, nos animamos a ir allí, así que ya conocemos casi toda la A-8. Una vez en Gijón, comimos en un italiano (Vesubio) justo frente al puerto deportivo, muy bien de precio y servicio. Para bajar la comida, nada mejor que da una vueltecita por el casco antiguo y luego al parque donde está el “cagadero de King-Kong”, aunque esta vez, al contrario que en Noviembre de hace dos años, con la lluvia y el viento no se hacía del todo apetecible hacer fotos ni sacar las manos de los bolsillos. Finalizamos el día con un resbalón de Alicia justo en la puerta de una cafetería, pero bueno, tras unas risas, nos tomamos un cafetillo y vuelta al hogar.

Pero esa vuelta al hogar no fue directa, sino pasando, o mejor dicho, dando una segunda oportunidad a la Praia das Catedrais (cuando trato de hablar en gallego, me sale acento portugués…). Como ya comenté, la otra vez no pudimos ver los famosos arcos, así que carreteando por cuasi-caminos, estuvimos viendo playas muy chulas, con algunas nubes, pero con algún claro.

Tras unas paradas y fotillos por la zona, en la Ruta das Praias, fuimos a Foz, que está cerca de la casa rural pero no habíamos visto todavía. Tienen una playa muy interesante, que no tiene nada que envidiar a las de Valencia, en cuanto a anchura se refiere), pero imagino que el agua estará un pelín fría.

Ya por fin, finalizamos en la casa rural, a reposar después de tanta aventura o mejor dicho, de tantos kilómetros, pues a lo tonto, estamos yendo de un lado para otro.

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Por fin vacaciones (IV)

Hoy hemos ido a Sargadelos, a ver el hogar de la famosa cerámica. La fábrica, junto con su galería, en Cervo, es interesante de ver: Desde las típicas piezas en blanco y azul, hasta piezas hechas por estudiantes, de lo más variadas. El único problema es el precio, pues sinceramente creo que se suben a la parra un rato.

Comprados los recuerdos de rigor, tratamos de ver Ribeiras do Sor; y digo tratamos pues creo que no conseguimos llegar, pero sí estuvimos en un antiguo puente, sobre la playa de El Barquero. Tras muchas vueltas por carreteras de las que sólo cabe un coche y cruzando los dedos para no encontrar uno de frente, llegamos a la general, por donde fuimos a Ortigueira a comer a un bar cercano a la playa.

Durante la comida, Alicia comentó que Santiago de Compostela está a sólo una hora y media de allí, así que, ni cortos ni perezosos fuimos para allá.

Una vez allí, vimos la catedral por dentro, infectada de gente que, sinceramente, en formas dejan mucho que desear: si no saben comportarse ni controlar a los críos, que no vayan a determinados sitios, pues sólo incordian.

Finalizada la visita a la catedral por dentro y comprados los imanes de la nevera de rigor (aunque sin termómetros, un lástima, pues es una manía que tengo), decidimos volver, pues todo estaba lleno de gente, o mejor dicho zombies que se mueven de forma aleatoriamente errática.

Al pasar por Mondoñedo, Alicia aprovechó para comprar una herramienta para el Fimo que se quedó con ganas el otro día y en Madrid es bastante más cara. También compramos un par de generosas raciones de empanada en “O Rei das Tartas” muy ricas, con masa de pan y nada grasientas.

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Por fin vacaciones (III)

Hoy nos ha costado un poco levantarnos, pero parece que ha sido todo planeado, pues eso nos ha permitido ir a la Playa de las Catedrales con la marea baja.

El sitio es muy interesante: grandes paredes de rocas, con cuevas… el problema es que los famosos arcos no los vimos, pero ya lo volveremos a intentar. Otra problemática es que hay pocos accesos, ya que es un acantilado con playa de arena en el fondo, por lo que sólo se puede bajar por determinadas escaleras. Si te animas y empiezas a andar, como te suba la marea, puede ser un problema, pues en el acantilado había mejillones y percebes hasta a un metro y medio de altura, así que como te atrape el mar, posiblemente tengan que venir a rescatarte. Nosotros nos fuimos cuando el agua nos empezaba a llegar a las rodillas.

Al salir de ahí, estuvimos bordeando la playa, cotilleando un poco todos los chalets que hay en la zona. En todo caso, llevamos un par de días con mucha suerte, pues el sol no nos ha abandonado en ningún momento.

Para comer fuimos a Abadín, en el restaurante Niza, que nos recomendaron los dueños de la casa rural. Sinceramente, no es un sitio al que entraría de motu proprio, pero la verdad es que genial. Un chuletón de buey de 1Kg, todo rosita por dentro y que se cortaba como mantequilla con un cuchillo caliente. Excelente en todos los sentidos.

A la vuelta, pasamos por Mondoñedo, dode vimos la catedral, la cual tiene restos de la catedral de St. Paul de Londres, cuando Enrique VIII se cambió de religión y animó a todos los demás a hacerlo (y por tanto, cambiar la decoración). Estuvimos tomando un cafetillo en “O rei das Tartas”, justo enfrente. Dicen tener la tarta más galardonada, pero sinceramente, las cosas con cabello de ángel y almendras, no son lo mío. Quisimos ver las “Covas do rei Cintolo”, pero no es algo apto para domingueros, sino que hay que llevar casi equipo de espeleología. Finalmente nos contentamos con una vista al barrio de los molinos, de la misma localidad, donde hay riachuelos de aguas transparentes en plena calle que sirven para mover molinos.

Como curiosidad, en pleno pueblo, había una tienda de manualidades, donde Alicia aprovechó para comprar un kit de Fimo a precio realmente bueno. Ahora a ver si le da por usarlo y diversifica el “negocio” del Swarovski.

Tras los 10Km de paseo por Mondoñedo (bendito GPS), ya estábamos un poco cansados, así que pusimos rumbo a casa y nos dormiremos en breve.

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Por fin vacaciones (II)

Como la casa rural la llevan los dueños de una pastelería, para desayunar nos dejan una bandeja por habitación de pastelillos. La idea suena bien, sobre todo si te gusta el cabello de ángel.

Tras el desayuno, nos fuimos a Ortigueira, donde Alicia no iba desde hacía 5 años. Una vez allí, nos reunimos con amig@s suyos, aprovechamos para comer un buen plato de pulpo.

Tras aquello, una visita al cementerio, que como curiosidad, si lo miráis desde google maps, parece una calavera.

Así pues, hicimos el día allí. A la vuelta, pasamos por el cabo de Estaca de Bares, el punto más al norte de la península. Pudimos ver el atardecer sobre el mar, lástima que hubiera demasiada gente, mucho crío chico gritando y una fefa (con esclava filipina para cuidar de su prole) que no hacía más que dar voces indicando que en Jordania no se veían estas cosas… Hay gente para todo.

Ya de vuelta, al estar a casi dos horas de Ortigueira, llegamos un poco tarde y el bar del pueblo ya había cerrado, lo que nos hizo tirar de las reservas que llevamos (fiambre y pan de molde) siempre que vamos de “ruralismo”.

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Por fin vacaciones (día uno)

Por fin llegaron las vacaciones, y no me refiero a tres días sueltos o un puente largo, sino a vacaciones de verdad, 15 pedazo de días para hacer lo que quiera.

La idea inicial era irnos a un todo incluido a Fuengirola, pero con los últimos calores de Madrid, se nos quitaron las ganas de pasar calor por las noches y no dormir. Además, estar todo el día recluido en un hotel no me llama en absoluto la atención.

Así pues, de imprevisto surgió la idea: ¡Vayamos al norte!. Dicho y hecho, cancelamos la reserva de Fuengirola y en TopRural comenzamos a buscar alojamientos rurales. Finalmente, vamos a Lugo, Logroño y Lérida.

Hoy es el primer día, estamos en Vilanova de Lourenzá, en Casa Gloria. La casa rural está muy bien, tenemos cocina y los caseros son muy agradables. Tienen hasta gallinas en el jardín.

La idea era haber salido muy pronto por la mañana, pero el día anterior no había forma de dormir. Acabé viendo los programas del “llama y gana” hasta las mil, así que salimos un poco más tarde. El viaje, muy bien, cerca de 6 horas y media, eso sí, contando que paramos a comer en un chino en Lugo que nos pillaba de paso y encima teníamos para aparcar justo en la puerta.

Al llegar cerca de la casa rural, vimos unos carteles anunciándola, así que los seguimos. Llegamos a una casa completamente aislada, en la que no parecía haber nadie, salvo un perraco muy grande, así que preferimos no salir del coche y llamar por teléfono, pero sin respuesta. Viendo el poco éxito, decidimos seguir el GPS, pues ya tenía puestas las casas a las que vamos. Tras ir varios kilómetros por pistas casi forestales, volvimos a una carretera y, esta vez sí, el gps (ovi maps) nos llevó al destino correcto.

Tras reposar un rato, hemos dado la vuelta de rigor al pueblo y ahora a dormir, pues mañana toca Ortigueira.

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Tiempo sin postear…

Sí, desde la caída del server, no he vuelto a publicar nada… ya hace algún tiempo que no cuento mis peripecias viajeras.
La última fue un viaje relámpago a Olot, viaje de ida y vuelta en el día. Para la mayor parte del trayecto, hasta Barcelona, fui en avión. Como siempre, Vueling muy bien, pero ahora en Barcelona, con el cambio de terminal (una lástima, tenían la terminal C en exclusiva, pero ahora está cerrada) es un poco más rollo. Para ir de Barcelona a Olot, alquilé un PepeCar, pero como todo esta cogido y los precios era excesivos, me decanté por una fragoneta… sí, fragoneta en estado puro, sin retrovisor interno, sólo los laterales.
El viaje de Barcelona a Olot fue sin problemas, pues todo es autovía, pero por una nueva que no viene ni en Google Maps ni en Ovi Maps… así que todo el rato “campo a través”. Mi idea era haber visto varios clientes, pero la reunión se alargó y me tuvieron por allí en exclusiva.
El stress surgió a la vuelta: el GPS, como no conocía la nueva autovía, me mete por la “antigua”; una carretera casi puerto de montaña. Yo que había calculado la vuelta por la ruta de ida (que me ahorró más de media hora), ahora iba un poco agobiado para dejar la furgo (pues sólo están hasta las 20:00). Finalmente, llegué bien, dejé el carromato (que además, con un par, sin seguro adicional…) y pude ir al aeropuerto.
Tras ese viaje, me cogí unos días de vacaciones en los que aproveché para hacer bastantes cosas:
1) Ir al juzgado a comenzar los trámites matrimoniales. Hace algún tiempo hicimos la solucitud y el miércoles 22 tocó ir para allá a firmar, además de llevar un par de testigos (gracias a Sara y Antonio!). No os penséis que es boda, simplemente es el trámite previo para dar fé de que nos podemos casar.
2) Fuimos a la Warner, donde hicimos muchas fotos… pero todavía estoy esperando que Alicia las cuelgue (a ver si por aquí se da por aludida). En cuanto publique las foticos, comentaré la experiencia por dicho parque temático. Por ahora adelanto: muchísimo calor y sol.
3) Descansar.

Tras esos días de relax, vuelta a la carga. He estado spameando a diestro y siniestro y, creo que no ha ido nada mal, pues ha respondido bastante bien los posibles nuevos clientes. Sobre reuniones… la verdad es que un poco mal, pues ahora en verano, está todo el mundo de vacaciones y poca gente está disponible para reunirse.
Finalmente, aprovechando la tranquilidad del verano, he aprovechado junto con el mayorista a poner un sistema de WatchGuard online, para que cualquiera pueda “jugar” con él, pero hasta que no lime los últimos detalles, habrá que esperar para verlo.

Habemus server

Tras más de una semana de “downtime”, ya vuelve a estar online el todopoderoso server. Con la caña que le damos, lo raro es que no se hubiera enfermado antes.
Hemos ido a Alternate (que ha cambiado de ubicación) a comprar una nueva fuente de alimentación y todo resuelto.

Otra vez en Den Haag (La Haya)

Esta semana tuve un training en las oficinas centrales de mi empresa en Europa, situadas en La Haya. Pese a ser de miércoles a viernes, fui el martes a primera hora, así que en total he estado cuatro días por allí.

El avión de KLM despegó media hora más tarde de las 6:00 a.m. previstas, bastante temprano, pero con eso me aseguraba a estar allí a las 10:00 como muy tarde. El retraso fue debido a un pasajero algo conflictivo, al cual finalmente no le dejaron volar, pero como sus maletas ya estaban en la bodega, hubo que buscarlas para evitar enviarlas a Schiphol. Al no ser Iberia ni low-cost, sí dan comida, lo que se agradece, pues había salido de casa con tan sólo un colacao y me había pateado todas las terminales para buscar un cajero automático, el cual resultó ser único y de un banco distinto al mío.

Llegado al aeropuerto ya me estaban llamando del curro mientras trataba de sacar un billete para la estación central de La Haya. Como todo está en nerlandés, se hace algo complicado entender los carteles. Ya en el tren, con más tranquilidad, fui disfrutando del viaje ya que las otras veces que lo había hecho, era de noche. Además, como el día era muy bueno, fui andando desde la estación a la oficina. La última vez vi todas las bicicletas en el parking de la estación, pero esta vez me pude fijar con más detalle: no están atadas a nada, simplemente con la rueda trasera bloqueada. Además, les dejan todos los accesorios puestos (alforjas, sillines…). Esto en España es impensable de la cantidad de miserables que, aunque no les valga, son capaces de robar hasta los tornillos.

A lo largo del martes, fueron llegando los compañeros, con quienes finalmente quedamos en el restaurante del Museon, para tomar ya la pimera copita. De allí, ya fuimos a la playa, a un garito muy chulo, con camas en la arena, estilo club de alto standing. Como entrante, nos pusieron como un pan recién hecho, parecido a un torta, con una crema de marisco y aceite y sal para mojarlo. Una vez tuvimos mesa libre, ya nos sentamos para cenar, donde cayó un hamburguesa muy interesante. De allí, nos fuimos al Crazy Pianos, uno de los bares más conocidos del paseo marítimo, con música en directo y dos pianistas. La piña colada no estaba nada mal. Lo único raro del sitio es que cobraban por ir al baño, pero es algo que no estaba especificado, así que, una vez hice uso del baño, al salir me pretendían cobrar, pero al no llevar los 50 céntimos que requería (ya sabéis que no me gusta el “cobre”), me dejaron salir.

Al día siguiente, tras el training, fuimos a cenar a un tailandés, el cual tenía un menú de cuatro platos muy interesante, aunque la sopa picaba bastante. Tras la cena, nos fuimos a una especie de puerto, aunque en realidad se trata de la terminación de un canal donde había barcos relativamente grandes. Allí nos tomamos un cafetito y comenzaron las rondas de Jameson… Lo bueno es que había WiFi gratis, así que pude hablar con Alicia, quien incluso habló con un compañero. Por cierto, para pagar las rondas, recurrimos a la tradición: jugar a los chinos, o como ellos los llaman, al “spoofing”.

El jueves fue la traca final: cenamos en una marisquería: de primero crema de langosta y de segundo un solomillo para ponerse a llorar: era como cortar mantequilla con un cuchillo caliente. De postre, poco sitio me quedaba, así que un cafetito irlandés (con Jameson, por supuesto). Siguiendo la tradición, otra vez el spoofing… quedé “finalista”, pero me libré en el último momento. Al jefe del compañero que le tocó pagar, le enviamos todos a la vez un SMS dándole las gracias por la excelente cena. Al salir de allí, nos fuimos a la playa, pero esta vez muy alejada de la cuidad, a un chiringuito con muy buena música ambient, con pequeñas antorchas de queroseno y unos buenos sofás para sentarse. Como de costumbre, los Jameson empezaron a correr como el agua. En la última ronda, ya exigí un red-bull, que aunque tiene mucha cafeína, también tiene vitamina B-12 que ayuda a “quitarse de encima el alcohol”. Una vez en el hotel, yo me quedé, pero otros compañeros, por aquello de ser la última noche, decidieron seguir de fiesta.

Al día siguiente, despertarse fue duro, pues además tenía que preparar la maleta para salir directamente de la oficina al aeropuerto. Hubo un compañero que se durmió, aunque pensábamos que el segundo mojito le había causado la muerte. Al llamar a su habitación desde recepción nos confirmó que seguía vivo, pero tuvo un parpadeo un poco largo entre que le sonó su despertador y recibió nuestra llamada preguntando por él.

De la oficina salimos cinco hacia el aeropuerto en taxi, pues aunque es caro a rabiar, al ser cinco, no sale mucho más caro que en tren. Una vez allí, traté de cambiar mi vuelo, pues llegamos a las 17:00 y mi vuelo salía  las 20:55… Al final, debido a una conference con un cliente a última hora, no cambién el vuelo, lo que me dio tiempo a ver con calma el aeropuerto y jugar al “Día del Tentáculo” en el scummvm del móvil. Con tanta espera, evidentemente fui el primero en entrar al avión tras la gente preferente/business y las familias con niños pequeños. Además, venía el avión lleno de niños de varios equipos de fútbol filipinos, con unas pedazo de bolsas con todas sus cosas.

Cuando ya parecía que estábamos a punto de aterrizar, justo antes de tomar tierra, ya encima de la pista, el avión volvió a acelerar y subió de nuevo, haciendo una pasada estilo TopGun por la pista. Dimos la vuelta por encima de Alcalá para volver a enfilar la pista, donde a la segunda llegó la vencida. Había un poco de viento que dificultó el primer aterrizaje.

Una vez en tierra firme, pitando hacia el parking a por el coche y a casa, a vegetar y reposar, que tras tanto movimiento ya venía bien.

Las fotos, como siempre, a continuación:

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